Emilia está adolorida en urgencias. Le hacen pruebas, radiografías. Ella teme que se haya roto algo y tenga que ir al viaje escayolada. Se da cuenta que la suben a una habitación.
--¡¿me ingresan?¡ –pregunta angustiada.
Su madre y Alberto, que no dejan de discutir ya que Alberto no se quiere ir, están ya en el hospital. Alberto está muy asustado y le da un dulce beso a su chica. Irene da un empujón al guapo gitano para separarlo de su hija.
--¿cuándo voy a salir de aquí? –Emilia
--hay hija, ya sabía yo que no podrías vivir sola, que estos amores no te traerían nada bueno.
Emilia se queja de dolor pero dice:
--No empieces mamá, esto me habría pasado viviera donde viviera.
--yo te habría cuidado pero eso ya no importa. En casa de la abuela no puedes volver, tendrás que volver a casa.
--Ni que me estuviera muriendo.
--¡hija, te has podido quedar inválida, este accidente ha sido muy serio. Te has roto una vértebra y la pelvis. Tendrás que estar un mes ingresada sin moverte. Vas a necesitar muchos cuidados¡
--¡yo a casa no vuelvo hasta que tú y papá le pidáis perdón a Alberto¡
Irene mira con desprecio a Alberto:
--¡Yo no le tengo que pedir perdón, tal vez me equivoqué, él no me robó pero es gitano ¿no ves que no puede ser?
Alberto defiende su amor:
--¿y porque mi piel sea más oscura, porque mi raza sea otra mi amor no es válido? ¡yo amo a su hija¡
--a estas edades no se sabe nada del amor –Irene.
--tú y papá trabajáis así que si es para cuidarme pues mejor cuidada estaré con la yaya casimira y te pido que trates lo mejor que puedas a Alberto.
--si él está aquí tu padre no vendrá –Irene.
Alberto se acerca a la cabecera de la cama de su chica para reclamar su lugar, Emilia se lo da.
--ese no es mi problema, Alberto se queda.
--¿lo prefieres a él que a nosotros que nos debes la vida?
--eres tú la que impones la elección, mamá.
--estaré a fuera –dice Irene molesta.
Alberto se siente al lado de su chica, la acaricia con mucha ternura:
--me asusté tanto, no soportaría que te pasara algo... ¿te duele mucho?
--ahora ya no.
Él la acaricia:
--ya verás como todo esto va a pasar, te vas a poner bien pero tienes que ser buena. No te puedes mover.
--esto es un fastidio, me quedé sin viaje. No voy a poder acompañarte.
--bueno, no hay clases, estaré contigo todo el día.
--el viaje es mañana, con uno que pierda el dinero es suficiente.
--prefiero perder el dinero que tantos días sin verte. Yo te quiero demasiado como para perderme una semana de tu vida.
Ella lo mira, lo quiere besar.
--no hagas esfuerzos, tienes que estar totalmente inmóvil.
Él se levanta y la besa en los labios.
--juntos saldremos de esta pero juntos.
--siempre juntos –dice ella.
A pesar de la tensión con Irene, que Reinaldo no se aparece por el hospital, Alberto se separa lo menos que puede de su amada que sólo ver a su amado la alivia de la pesadez de tener que estar inmovilizada. En el hospital Emilia cumple 19 años. Alberto le trae un pastel y junto a Alfonsina y otras chicas de la clase le hacen una pequeña fiesta. En sus cuatro meses como pareja Alberto regala una rosa a su amada y después otra por la “Diada de Sant Jordi” cumpliendo con la tradición catalana. Lo que no esperaba Alberto es que Emilia le pudiera regalar un libro pero ella se lo había encargado a Alfonsina. Alberto anima todo lo que puede a su chica. La joven debe llevar un incomodísimos corsé durante tres meses.
--en pleno verano, no lo voy a aguantar.
--claro que sí porque yo estoy a tu lado, además te queda muy bien.
--eres un payaso, que me va a quedar bien..
--a ti todo te queda bien.
La joven pareja se sonríe y se besa.
Manina si va a visitar en un par de ocasiones a la novia de su hijo. Alberto no quiere que vaya seguido para evitar que la madre de Irene la vea y le haga alguna grosería. Emilia está feliz porque Manina la acepta como novia de su hijo.
--ojalá mi madre fuera como usted –Emilia .
--bueno pero al menos no se opone y no dice nada en que Alberto esté aquí –Manina,
--ella trabaja, Alberto tiene más tiempo para hacerme compañía.
--¿y vas a volver a tu casa cuando salgas de aquí? –Manina.
--No, no estoy tan mal. Yo estoy segura que sola me las podrá arreglar.
--si necesitas algo ya sabes que puedes contar conmigo.
Emilia , que ya se puede incorporar en la cama, sonríe, las dos se dan la mano. Alberto está orgulloso de que su madre y su novia se lleven bien.
Emilia puede levantarse de la cama y caminar con muletas.
–¿si te las saco te caerás? –le pregunta Alberto muy divertido.
--por si acaso no lo hagas...
Aunque aún le queda unas semanas con muletas y corsé, Emilia es dada de alta. Alberto e Irene, que a regañadientes acepta que su hija vuelve con su bisabuela, están a su lado. Irene los lleva a los dos en coche. Doña Casimira recibe a su bisnieta encantada.
Alberto está hablando con Tomás en el instituto.
--¿así Emilia no volverá a clase?
--falta solo un mes y está muy incómoda con corsé. No puede estar sentada. Lo que le ha pasado ha sido muy serio. Prefiero que se quede en casa tranquila.
--pues con la cara de salido que llevas como sigas así mucho tiempo...
--lo importante es que ella se recupere.
--debiste aprovechar que estaba en el hospital para divertirte sin que ella se diera cuenta, no va poder conducir por tiempo, no creo que pueda hacer el amor así...
Aunque Alberto asegura que no le importa la verdad es que el llamado de la carne es fuerte. Los dos amigos siguen hablando y caminando sin imaginar que Carmen los ha escuchado.
--esta es mi oportunidad, antes de gitana soy mujer. Voy a luchar por mi hombre con todas mis armas de mujer y se lo voy a ganar, ahora estoy en superioridad... Ella no le puede dar lo que un hombre busca y yo estoy dispuesto a todo por mi hombre. Él se tiene que casar conmigo, Alberto tiene que ser para mi.
Alberto está en casa de la bisabuela de Emilia visitando a su chica. Los dos están solos sobre la cama. Él se ha puesto muy mimoso. Ella le para.
--estamos en casa de mi bisabuela, no quiero que nos vea en esas.
--si pero yo te necesito y ahora que ya no conduces... ¿cuándo podrás conducir?
--Alberto que te conozco...
--¿cuándo te saquen las muletas?
--No, cuando me saquen las muletas aún me quedará un mes y medio con corsé.
--porque no le preguntas al médico si puedes hacerlo con corsé, seguro que algún amigo me deja su casa...
--¿¡cómo voy a preguntarle eso al médico?¡ ¿es que acaso solo tú piensas en eso?
--No claro que no pero es que yo te amo y te necesito...
--Mira Alberto que yo bastante tengo con lo que tengo con este horrible corsé como para tener que aguantar tonterías. No he ido a clase para descansar, para recuperarme bien pues por lo mismo no haremos ninguna tontería, hasta que yo esté bien nada de hacer el amor.
Aunque él hace que no le importa la verdad es que no sabe controlar sus instintos y lo que más quiere es un desahogo. Ella lo mira con ternura.
--bueno pero podremos –él pone cara de degenerado y ella lo corta.
--tampoco. ¿dónde quieres que lo hagamos?
--solo será 5 minutos, nadie se va a enterar. ¿o es que piensas tenerme a dieta total?
–¿tanto te importa el sexo? –dice triste—voy a creer que es verdad lo que me dijo tu amiga que tú lo único que quieres es divertirte conmigo y me vas a dejar cuando te aburras...
Alberto la mira fijamente, hace una cruz con los dedos y la besa:
--yo daría mi vida por ti, sí tal vez sea un idiota que no se sabe controlar pero yo te amo y te lo voy a demostrar. Haremos lo que tú quieras, no quiero que tengas ninguna duda... Mi amor me hará fuerte y sabré aguantar..
ella lo acaricia emocionada.
--debes comprender que no es mi gusto, que no es que yo te rechace...
--yo nunca pensaría eso... –él.
La pareja se besa.
Tomás se sorprende porque Carmen lo cita. Él la mira con cara de degenerado. Ella le pide que lo ayude.
--llevate a Alberto a la disco, que beba, quiero que hagamos el amor y luego tú me hagas fotos para que las vea la tal Emilia .
--vaya con la gitana, menuda zorrita. ¿y yo que gano a cambio?
--lo que quieras...—dice nerviosa.
--¿es tu primera vez no? –pregunta con cara de pervertido.
--si.
--Pues yo seré el primero.
--¡no, tiene que ser Alberto¡
--Alberto es muy fácil de controlar, con un par de cervezas lo tumba. Se caerá de borracho, no se enterará de nada y luego lo puedes culpar a él, confía en mi, yo sé como hacer las cosas. Nadie creerá que te acostaste con otro que sea él, yo te ayudaré a separar a Emilia de Alberto. Sacaremos unas fotos buenísimas.
Aunque no le apetece nada, la joven dice decidida:
--¡está bien¡
Tomás sonríe con cara de degenerado.
--esta gitana está como quiere y luego podría consolar a la guarra de Emilia... –piensa.














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