miércoles, 28 de octubre de 2026

Capitulo 22

 



Alberto está hablando con uno de los gitanos más jóvenes.

--me siento un inútil.

El otro lo mira con compasión:

--tu mujer te quiere mucho, tuvisteis un terrible accidente, fue una suerte que nos encontrarais.

--pero es tan duro no saber nada de mi. No tengo recuerdos...¿qué sabes tu?

--pues nada y no te agobies, tú recuperate, ya verás como la memoria vuelve enseguida.


Carmen  se enfrenta a su cómplice:

--¡quiero dinero, quiero dinero a cambio de no contar lo que tú sabes¡

Carmen  se lo lleva a un apartado. Nadie los ve.

--¡tú no me puedes pedir dinero, no tengo¡

--He conocido un tipo, busca jóvenes para alegrar a los hombres y yo pensé en ti.

–!¿quieres que sea prostituta¡?

--¡yo quiero que hagas lo mismo que ahora pero cobrando¡

--¡ni loca, yo tengo marido¡

--¡pues tendrás que engañarlo o diré la verdad¡

--¡no voy a permitir que me estropees las cosas justo ahora que voy a ser feliz¡

El tipo la agarra del brazo:

--¡pues él te tendrá que compartir con otros hombres¡

Ella se niega, él saca una pistola y dice:

--¡me van a pagar mucho por ti y me lo debes¡

Carmen  es más rápida de él y le clava un puñal en todo le pecho. Él cae al suelo agonizando. Ella lo mira con rabia:

--¡muere de una vez, no vas a estropear mis planes¡

Ella le quiere rematar pero él, que tiene la pistola en la mano, la dispara.



El ruido del disparo alerta a todos los gitanos, llegan hasta el lugar de los hechos. Tanto Carmen  como su cómplice están muertos. Todos están consternado. Alberto cae de rodillas llorando a su esposa:

--¿¡que pasó?¿qué pasó?¡ Si no te tengo a ti, ahora que hago, tú eras la única que sabías mi verdad.

Los gitanos se preguntan que harán. Ninguno quiere cuentas con la policia. Quieren dejar a Alberto a su suerte pero el otro chico que se ha hecho amigo de él dice:

--él es uno de nosotros y no lo podemos abandonar. La mujer siempre nos dijo que solo se tenían el uno al otro.

El dolor de Alberto los conmueve. El más anciano dice:

--Es el hombre que os encontró... –dice mirando al cómplice de Carmen -- el uno ha matado al otro, tu mujer andaba en malos pasos, yo creo que huía de algo,lo mejor será que nos marchemos y ya se las arreglará la policía, total a los muertos no los podemos ayudar.

Alberto los mira a todos como un animal herido. Su amigo lo abraza por los hombros y dice:

--tú vienes con nosotros ¿verdad?...

Los otros gitanos aceptan. Alberto se lo agradece y seguidamente se preparan para dejar el campamento.



10 años después...

Emilia  es asistenta social y se ha especializado en los asuntos de los gitanos. Se encarga de vigilar que nadie pise sus derechos y ofrece su ayuda cuando los quieren echar de su campamento. Precisamente por eso se acerca a un pequeño pueblo al norte del país. Sin hacer caso a la orden de desalojo que pesa sobre ellos, los gitanos festejan. Alberto está hablando con su amigo.

--10 años, han pasado 10 años y aún no sé quien soy. No sé de donde vengo.

--en estos años he aprendido a quererte como un hermano. No debes preocuparte, debes vivir al margen de recordar tu pasado o no, lo que sí sabes es que eres un hombre libre, aquí hay muchas jóvenes que están locas por ti. Llevas muchos años solo, ¿no crees que deberías casarte?

Alberto se acaricia la cicatriz con amargura:

--a pesar de los años que han pasado siento que no soy libre, que tengo ataduras de amor. Es como si mi amor fuera más allá de la muerte. Siento que no puedo amar a otra mujer porque ya estoy enamorado.

--pero eso no puede ser, tu esposa está muerta.

--Lo sé, lo sé –dice el gitano mirando la horizonte triste.






Emilia  se acerca en su coche. Se ve tranquila pero hay amargura en su mirada. Su muñeca deja ver la cicatriz que le dejó su boda con Alberto.

--te llevo en mi sangre amor mío... jamás te podré olvidar. ¡10 años, 10 años sin ti y te sigo amando, es como si no estuvieras muerto. jamás podré estar con otro.jamás volveré a amar.


Los gitanos se sobresaltan al ver el coche de Emilia  acercarse a su campamento.

--otra vez esa gente, no descansarán hasta que nos vayamos.

Alberto se levanta:

--¡yo hablaré con esa persona, le diré que nos deje en paz, ya les dijimos que sólo estaríamos aquí unos días¡


Alberto se abre paso entre la gente, Emilia  es recibida bruscamente pero ella aclara que lo que quiere es ayudarlos no echarlos. Alberto no la cree:

--¡aquí no molestamos a nadie pero no se preocupe que nuestra vida es ir de un lugar a otro¡

Emilia  se estremece a escuchar la voz de su amado. Alberto se acerca y ella no da crédito a lo que ve. Y diciendo “¡Alberto¡” se desmaya para sorpresa de todos.


Emilia  recupera el conocimiento en una de las barracas. Se incorpora sobresaltada. Habla a las mujeres que están con ella.

--él es Alberto¿qué hace aquí?¿qué es todo esto?

Alberto está muy alterado fuera de la barraca. Su amigo trata de calmarlo.

--¡¡tengo que hablar con ella, ella me conoce¡¡

--¡no, no debes hacer eso, hay gente que se parece y no tiene nada que ver¡

--¡me llamó Alberto, es lógico que me conoce, además algo dentro de mi me dice que esa mujer tiene algo que ver en mi vida¡

--¡no, no puede ser¡¡te puede conocer pero ya está, además no sabemos cuán implicado estabas en lo que pudo haber hecho tu esposa y después de cómo huimos. No Alberto, no te puedes fiar de ella.

Alberto entra en la barraca a pesar que su amigo le pide que no lo haga. Alberto y Emilia  se miran y se estremecen. Sus corazones laten fuertemente.












Aunque Alberto no la ha reconocido si lo ha hecho su sangre. Le pide a todas las mujeres que lo dejan solas con la recién llegada. Emilia  y Alberto se miran, salen chispas de sus ojos. Él la mira con emoción pero hay agresividad en su mirada. Con una ansiedad que asusta pregunta

--¿usted me conoce?

Ella lo mira consternada. No sabe si es real o una aparición. Él le ve la cicatriz en la muñeca. Le agarra el brazo con rabia. No sabe porque pero siente celos al creerla unida a otro gitano. La mira con fuerza.

--¡usted es la mujer de un gitano¡

Emilia  no sabe que decirle, lo acaricia en el rostro para darse cuenta que sí es real. Sus pieles se reconocen al instante, sus labios se acercan y ella lo besa. Los une una fuerza que ninguno de los dos puede controlar. El gitano la hace suya con una pasión agresiva. Los dos gritan como animales en celo. Después de descarga, Alberto se levanta totalmente desnudo y se empieza a vestir aturdido. No entiende porque se ha acostado con una mujer a la que acaba de conocer, porque ella lo permitió y es más porque su corazón le está diciendo que la conoce. Emilia  mira a Alberto aunque confusa, está segura que ha recuperado la felicidad. La dura mirada de Alberto mientras este se abrocha los pantalones la desconcierta. Él no sabe si debe fiarse de esa recién llegada o no, si lo quiere lastimar así que prefiere tratarla con dureza aunque dentro de él algo le dice que no debe tratarla así. Aunque sus ojos reflejan amor, ternura sus palabras son duras:

--¿¡a que espera vístase?¡

--pero yo... –pregunta ella triste por la dureza de su amado.

--¡pues si esto es lo que vino a buscar pues ya lo tuvo... ahora fuera y no vuelva¡

--¿por qué me tratas así después de lo que pasó entre nosotros?

--¿y que pasó? ¡Supongo que esto hace usted siempre, debe ser una de esas mujeres que quieren ver satisfechas sus fantasias con un gitano sin consecuencias¡

Emilia  lo bofetea:

--¡creí que te conocía pero ya veo que no¡

él la mira con rabia, la agarra del cuello:

--¡Porque siento estas cosas por ti, no, no... que se vaya, que se vaya¡–dice para sí.

La deja con gana de otro beso y se va. Ella lo mira decepcionada. Antes de salir se gira y dice:

--¡si eres la esposa de un gitano te desprecio aún más porque no respetas a tu marido y por tu culpa yo he ofendido a un hermano¡

Ella lo mira llorosa. A él la conmueve pero se mantiene duro:

--¡Si no querías esto no haberme provocado mirándome de esa manera, ofreciéndome tus labios, yo soy gitano, tengo sangre en las venas,. deberías saberlo. Tú me sacaste fiesta y yo te respondí como lo haría un hombre¡

él se va dejándola deshecha. El guapo gitano está muy atormentado:

--¡¡Mi alma está ardiendo... ¿qué me pasa con esa mujer?¡

Su amigo se le acerca:

--¡nos tienes a todos desconcertados¡¡es la primera vez que estás con una mujer, nunca habías hecho algo así y con una desconocida¡

--¡lo sé, lo sé... pero es que no sé que me pasa con ella¡ --dice alterado.

--¡¿que te dijo?¡

--nada.

--¡pues no te conoce... ¡¡es solo una cualquiera¡¡

--¡sí, sí... sólo es una ramera. Sólo se entiende así que se haya acostado conmigo sin preguntarme¡

Pensar que esa mujer que tanto lo ha impresionado no es más que una prostituta le duele. Alberto no deja de mirar la puerta lloroso, esa mujer le desconcierta.

--No debes volver a verla, no sabes si es buena o mala, lo mejor será que nos vayamos todos lo antes que podamos no sea que esa mujer nos vaya a meter en problemas.

Alberto se va con su amigo aunque no deja de girarse. Ve como se va Emilia  y aunque le nace ir hacia ella mira hacia el frente y hace como si no le importara. Emilia  entra en el coche muy alterada y con un sabor agridulce en los labios.









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Capitulo 23

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