Carmen sonríe triunfante segura que ha logrado vencer a su rival. Emilia mira a la joven con el rostro desencajado.
–!Eso que dices es una tontería, además ¿a mi que me importa que sea gitano o no? Si Alberto no me lo dijo es porqué para él ni tiene importancia¡
--¡todos los gitanos estamos orgullosos de ser gitano y si él no te lo dijo es para evitar compromisos. él sólo quiere sexo pero los gitanos respectan demasiado a las mujeres de su raza y por eso buscan a cualquieras como tú para calentar su cama mientras llega el momento de casarse y te puedo asegurar que ningún gitano se va a casar con una paya. Los padres de Alberto no se lo permitiría ¿o es que ya te ha llevado a su casa?¡
Las palabras de Carmen atormentan y siembran desconfianza en el corazón de Emilia .
--Todos sabemos que eres una cualquiera, que ya has estado viviendo con un hombre. Nadie te va a respetar y mucho menos un gitano que valora mucho la virginidad de una mujer.
--¡no te creo nada, Alberto me ama¡
--¿y cuánto esperó a llevarte a la cama? No seas tonta, lo hago por tu bien, si tú sólo quieres sexo pues vale no pasa nada, pero de mujer a mujer te digo que no pierdas tu tiempo, Alberto se va a cansar de ti y al final siempre elegirá a una de su raza para casarse.
--¿a ti? --dice desafiante.
--Pues no sé pero si puedes estar segura que yo tengo muchas posibilidades de casarme con él y tu ninguna. Yo soy virgen y gitana y tu paya y ya has sido de otro hombre. Ningún gitano aceptará eso.
--Alberto y yo somos muy felices juntos y tus palabras no nos separarán.
--tú misma pero luego no me digas que yo no te advertí. Yo de ti iría a su casa de sorpresa, a ver si ante sus padres se atreve a decir que eres su novia, ya verás como lo niega. --dice hiriente.
Emilia se va furiosa. Carmen sonríe con rabia.
--¡Alberto es mío, sólo mío¡ ¡pobre de la que se atreve a sacármelo, si esa tipa si sigue atravesando en mi camino se va a arrepentir toda su vida¡¡ lo juro¡
Carmen hace una cruz con sus dedos que besa. Está llena de odio.
En casa de Alberto se preparan para comer. Manina no hace más que llamar a Alberto. El padre ya está en la mesa. Llaman a la puerta. Manina va a abrir. Se sorprende al ver a Emilia . La joven mira a la madre de Alberto. No se había dado cuenta que Alberto era “diferente” pero viendo a la madre de Alberto se da cuenta que sí son gitanos y le da un poco de miedo pero prefiere pensar que los prejuicios forman parte del pasado.
--¿querías algo de nosotros? Yo creo que te has equivocado de casa. No veo que pueda querer una señorita como tú de unos gitanos.
--¿está Alberto? ¿me gustaría hablar con él?
Manina la mira con desconfianza, no le gusta lo que está pensando.
--¿y que tienes que ver tú con mi hijo?
Bernal, al oír que esa joven pregunta por su hijo, sale a recibirla y la hace pasar. Sonríe con orgullo seguro que esa chica es solo una aventura para su hijo.
--¿tú que eres de mi hijo, una amiga? --pregunta Manina.
Segura de su amor y del de Alberto, Emilia dice:
--¡no, soy su novia¡
Manina se lleva las manos a la cabeza, mientras Bernal llama a Alberto para que baje de una vez.
--¡tienes una visita, no la hagas esperar¡
Manila mira a Emilia muy angustiada:
--¿¡pero qué dices criatura?¡ ¿tú novia de mi hijo?
Alberto baja en ese momento y se asusta al ver a su chica hablando con su madre. Se queda parado a final de las escaleras. Ninguno de las dos lo ve. El padre sí y sonríe a su hijo con complicidad.
--¡macho como su padre¡ --susurra.
--Alberto y yo salimos juntos, nos queremos –dice Emilia .
Manina está angustiada pero la trata con mucho cariño:
--¿pero criatura, no te das cuenta que eso no puede ser? Tú eres una señorita y mi hijo es un gitano, las payas no se casan con los gitanos. tus padres nunca lo van a permitir.
Alberto traga saliva, al saberse descubierto siente miedo, está seguro que ese es el final de su sueño
--vino a reclamarte, seguro que le doy asco ¡¡¿pero quien le dijo?¡¡¡cómo supo?¡ --se dice tragándose sus lagrimas.
Alberto se queda escondido, no se atreve a bajar. Sin darse cuenta de su presencia, Emilia defiende su amor por él entre lágrimas:
--¡no me haga esto señora... ¿es que usted no cree que yo sea digna de su hijo? Tal vez no sea la mujer que esperaba para su hijo pero yo lo amo. Yo lo amo y no quiero vivir sin él, me moriría. Yo sé que lo puede hacer feliz.
Manina la acaricia emocionada:
--pero sois de razas diferentes ¿es que no te importa?¿no te importa lo que diga la gente?¿Tus padres?
--¡No, no me importa. Somos Alberto y yo y nadie tiene porque interponerse entre nosotros... ¿es que usted no me va a aceptar?¡
--Ya no se trata de mi, se trata de tus padres. Cree en mi que tengo experiencia y a tus padres no les va a gustar que salgas con un gitano. Eso te lo juro.
Hace una cruz con sus dedos y la besa.
--¡yo soy mayor de edad y le juro que nadie me va a separar del hombre que amo, sólo él día que él me diga que no me quiere me apartaré de él¡
Manina no se atreve a oponerse. Bernal se acerca a su hijo:
--¡eres mi orgullo, no esperaba menos de tu... y es que asi somos los hombres, esa guarra está a tus pies. No le importa que la uses¡
Alberto se siente incómodo, sabe que su padre acepta su relación porque cree que es un juego. Alberto mira a su madre que lo mira con desacuerdo pero no dice nada porque le da pena Emilia . Alberto está muy emocionado por las palabras de su chica. Le cuesta no llorar. Se miran con intensidad. Emilia teme que Alberto no la acepta. Alberto ya no lo duda, baja y abraza a su chica. Emilia se siente más tranquila.
--papá, mamá. Os presento a Emilia , mi novia.
Emilia y él se sonríen emocionados y él le da un dulce beso en la mejilla. Manina está muy angustiada.
--ahora es hora de comer, será mejor que os despidáis... --Manina.
Alberto y Emilia salen tomados de la mano.
--Yo lo siento.--dice él nervioso.
Ella no lo deja seguir y lo besa:
--no digas nada, te amo.
--¿no estás enfadada?
--No, claro que no.
--Te amo, te juro que te amo...
Los dos se besan entre lágrimas.
–¿de verás no me vas a dejar? --él.
--No ¿y tú?
--tampoco.
Se vuelven a besar. Se oye la voz de Manina.
--vete a tu casa, a mi se me hace tarde también. Te vengo a buscar más a la noche ya sabes para que... --ella.
Los dos se sonríen con complicidad. Él le guiña el ojo. Alberto se queda en la puerta viéndola mientras se va. Resopla antes de entrar. Su madre le reclama.
--déjalo tranquilo, deja que se divierta con esa cualquiera –dice el padre con orgullo.
Manina no dice nada pero ve en la mirada de su hijo que no es una diversión y se santigua angustiada. Teme que las cosas acaben mal.
Es de noche, Alberto y Emilia están en el coche de ella, han aparcado en el descampado de costumbre. Después de hacer el amor cada uno se queda tumbado en un asiento. Se miran aún jadeantes, se acarician. Están a medio vestir.
--¿de verás no te molesta que sea gitano?
--¿y no te lo he demostrado? --dice pícara.
Se sonríen y se besan.
--lo que me duele es que no hayas confiado en mi, yo sé que has debido sufrir que temes que tus padres te prohiban salir conmigo –ella.
--más me asustan lo que digan tus padres.
--Nadie me va a separar de ti y menos mis padres. Por mi vida te juro que voy a luchar a muerte por ti.
--espero que no sea necesario tanto –dice él divertido.
Se besan y se sonríen.
--¿y quien te dijo que yo era gitano? Fue mi primo ¿no?.
--No, no fue él, ahora lo entiendo todo... por eso él me mira feo... ¿no le gusta que no sea gitana, no?
--no le hagas caso.
Él le sonríe y ella se olvida de todo.
Al día siguiente, Alberto y Emilia llegan felices a clase. Carmen los fulmina con rabia. En la manera en la que las dos chicas se miran Alberto se da cuenta que fue Carmen la que se lo dijo todo.
--fue ella ¿verdad?
Emilia lo calla con un beso. Carmen es toda odio. En un cambio de clase, aunque ha fingido que no le ha dado importancia al tema, Alberto va en busca de Carmen y la agarra del brazo con rabia:
--¿¿porque le tuviste que decir a Emilia que soy gitano?¡
--¡porque es la verdad¡ --dice altanera.
--¡pero tú no se lo tenías porque decir¡
--¿no la quieres verdad, solo es un juego para ti, no?
--¡no, ya la amo¡
--¡pues ella no a ti, es una cualquiera. Todos saben que se acuesta que todos los profesores¡
--¡eso no es cierto¡
--claro que sí, yo sé de muchos chicos que dicen que se lo han hecho con ella en los lavabos... justo ayer cuando te despediste de ella la vi besándose con uno... Qué me muera ahora mismo si miento. Es un juramento sagrado.
Hace una cruz y la besa.
–¡por eso me dio coraje y le dije la verdad, se lo dije por ti, para que viera que tú te estabas riendo de ella como ella de ti¡
Alberto cree en las palabras de Carmen y se muere de la rabia. Carmen es muy fiel a sus tradiciones y nunca juraría en falso.
















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