miércoles, 28 de octubre de 2026

Capitulo 21

 





Tomás y Carmen  están apunto de hacer el amor. Él jadea como una bestia en celo. 

--Me gustó mucho que me llamaras, mucho, sabía que no podías vivir sin mi. Por algo fui tu primer hombre. Además todas se vuelven locas por mi. Cuando me prueban soy su droga.

Sobre la mesita hay una lata de cerveza vacía.

–se la ha tomado entera, ¿cuando cuernos le hará efecto esa maldita droga? –se dice ella con fastidio.


Al rato llega el cómplice de la malvada joven. Carmen  se está vistiéndose.

--vaya, con la zorrita –dice divertido.

--No es lo que tú piensas pero algo debía hacer para que el muy tonto cayera. Está en la cama, ayudame a bajarlo.

El hombre es el que viste a Tomas y se lo carga a los hombros inconsciente.

--espero por su bien que esa tal Emilia  se muera porque sino creo que a éste no le irá muy bien por lo que creo que planeas --él.

Carmen  está muy alterada, le preocupa que algo salga mal, que los descubran:

--no me agobies, espero que hayas hecho todo lo que te pedí.

--si, sí, esta todo y ya les corté los frenos así que nos debemos apurar, debemos ser nosotros los que encontremos.

Dejan bajo la cama las herramientas con lo que manipuló los frenos y Carmen se lleva cosas del chico.




Manina y Alberto se despiden muy emocionados mientras Alfonsina guarda la maleta del guapo gitano en el coche. Manina acaricia a su hijo entre lágrimas:

--ni que fuera la última vez que nos vemos, puedes venir a verme siempre que quieras. Yo a esta casa no volveré hasta que papá cambie de opinión.

--ten en cuenta que esto ha sido muy difícil para todos. Carmen  era una hija para nosotros.

--pero ella se portó de lo peor. Es una prostituta profesional. Es ella la que ha deshonrado a las dos familias y a nuestra raza de la que tan orgullosa decía estar.

--Lo sé y tu papá entenderá.

Manina le da un dulce beso, el gitano le sonríe y se mete en el auto. Madre e hijo se despiden con la mano.





Carmen  y su cómplice llegan a la carretera justo a tiempo de ver cómo el coche de Emilia  pierde el control y se estrella. No hay nadie más en la carretera.

--perfecto –dice la joven—todo tal y como yo quería.

--venga, hay que darnos prisa.

Carmen  va corriendo a sacar a Alberto del coche. Sonríe al ver que está vivo aunque tiene un fuerte golpe en la cabeza. El hombre revisa a Alfonsina mientras dice:

--está muerta, ella está muerta.

Carmen  no cabe en sí de gozo al darse cuenta que su enemiga ha muerto. Mira al gitano y lo besa en los labios.

–!!eres mío!! !mío! Ahora nadie nos va a separar.


Emilia  está en la casa mirando una foto de Alberto.

--Alberto es mi marido, vamos a estar siempre juntos. No tiene porque estar angustiada.

Emilia  se lleva las manos en el pecho, siente un dolor que no entiende.


De vuelta con los accidentados.

--¿y ahora que hacemos? –él.

--llamar a una ambulancia, si Emilia  está muerta no hace falta que llevemos a cabo el resto del plan. Muerto el perro acabada la rabia. Al otro lo tiramos cerca de su casa.

El hombre quiere llamar a la ambulancia pero ella dice;

--espera, me quiero dar el gustazo de escupir al cadáver de esa ramera que me quiso robar al marido.

Carmen  levanta la cabeza del cadáver y es entonces cuando se da cuenta que la muerta es Alfonsina. Golpea a su cómplice con rabia:

--¡esa no es Emilia , estúpido¡

--¡bueno yo tampoco te dije que lo fuera...¡

--bueno, no importa, no importa... para eso está Tomás¡

Carmen cierra la puerta del conductor, miran bien que no llegue nadie. Actúan deprisa. El gordo carga de nuevo a Tomás y lo coloca en el asiento del co-piloto donde estaba Alberto. 

Luego el hombre agarra a Alberto y lo mete en el coche del hombre.

--tú alejate pero no te vayas, no sea que el fuego alcance tu coche –dice ella.

Han traído varias botellas de gasolina y ella las derrama sobre el cuerpo de Tomás. Lo hace con rabia. Quiere que su cuerpo quede bien carbonizado que no lo puedan reconocer. Es por Alberto y también por ella. Le tira varias litros:

–esto es tu castigo por quitarme mi virginidad–dice con desprecio.

El cómplice de Carmen se ríe:

–no va a quedar nada de ese pobre diablo.

Carmen aprovecha el charco de gasolina que hay bajo el coche y tira ahí una cerilla. La explosión no se hace esperar mientras el otro coche, una vez Carmen se ha subido, se aleja a toda velocidad. Carmen ríe como una loca, está girada mirando a Alberto.

--tú estás loca pero yo estoy peor... mira que ayudarte por un rato de sexo… –dice el gordo.

--ahora ya es tarde para arrepentirte.

--¿y que hacemos que ese gitano? –dice con desprecio.

--tampoco así eh? ¡no desprecies a mi raza¡

--bueno, pues como sea, ¿lo llevamos a un hospital no?

--no, entonces no serviría de nada. He localizado un campamento gitano a un par de horas de aquí. Ellos sabrán que hacer, ellos me ayudarán.

--¿y de que te servirá cuando se recupere?

--Eso déjalo en mis manos.

Los dos se alejan del lugar del accidente.


A cada minuto que pasa Emilia  se angustia mucho.

--tuvo que pasarle algo, tuvo que pasarle algo.

El ruido del teléfono la sobresalta. Es un lloroso Jose que le dice unas palabras que le destrozan el alma:

--Alberto ha muerto, 

Alberto ha muerto, Alberto ha muerto –retumba en sus oídos,

Un amargo grito sale de su garganta y cae al suelo aullando de dolor.



Al día siguiente a cajón cerrado se celebra la capilla ardiente. Emilia  llega de negro y muy demacrada. Jose se acerca a ella.

--¿cómo estás? –le dice lloroso

--me gustaría pasar, espero que a tus tíos no les importe... Carmen ... –Emilia  no acaba la frase. Habla con una voz que parece de ultratumba.

--Mi tía te está esperando, de Carmen  no sabemos nada y sus padres tampoco han venido, pasa tranquila.

La joven casi no puede caminar, se marea. Jose la sostiene entre sus brazos y la ayuda a caminar.

--¿has hablado con los padres de tu amiga? Deben estar deshechos.

--pues sí pero yo ahora no tengo cabeza para eso, mi madre creo que iba a ir al sepelio, yo ahora quiero ver a Alberto, quiero estar segura que está muerto.

Ella parece un alma en pena. Jose está muy triste por el fallecimiento de su primo pero se mantiene sereno.

--Alberto está muerto, no hay error posible pero no lo podrás ver. Su cuerpo quedó irreconocible si no fuera porque sabíamos que era él quien estaba en el coche,...

Manina la ve y se acerca a su “nuera” deshecha. Se abrazan. Con ojos de sangre Bernal dice:

--¡no quiero que está mujer esté aquí, ella es al culpable de todo¡

Manina agarra el brazo a la joven y muestra la cicatriz, a pesar de su gran dolor Manina quiere que se respete la voluntad de su hijo y dice a su gente mostrando la herida de la chica en su brazo:

--¡Esta muchacha es la esposa de mi hijo, unió su sangre a la de él¡¡Emilia  es la viuda de mi hijo y como tal debe ser tratada¡

Las dos se miran deshechas. Al estar frente al ataúd que supuestamente contienen los restos de su amado, Emilia  se marea y después cae de rodillas llorando histérica. Está destrozada. Se acaba desmayando. La madre de la joven es avisada y va a recogerla, se la lleva a su casa (la de los padres). Emilia  sufre una crisis nerviosa y llaman al médico que le da un calmante.


Aunque su madre le pide que no lo haga medio arrastrándose y medio desmayada, Emilia  acompaña a su “amado” en su último viaje.



Días después, Emilia  está más tranquila aunque llena de dolor. Va a ver a Manina. Las dos hablan de cómo las dos querían a Alberto, de cómo lo echan de menos.

--No me puede creer que todo esto haya pasado, es una pesadilla. Me dejó, Alberto me volvió a dejar pero esta vez es para siempre –Emilia– !maldito Tomás!

–la policía ha cerrado el caso. Las pruebas no dejan lugar a dudas. Ya está en busca y captura ese asesino.

Nadie sospecha de Carmen pues están seguras que no le haría daño a Alberto y creen que ha desaparecido por la vergüenza de ser descubierta en sus infidelidades pero todo culpa a Tomás:

--!ese maldito estaba obsesionado conmigo y jugó con todos. Yo lo usé para dar celos a Alberto en la boda pero nunca pensé que fuera un asesino. Quiso abusar de mi siempre. Quiso separarnos y el muy maldito lo logró. Espero que no salga con la suya.

–de la que no podrá escapar es de la justicia de Dios.

--!esa no me vale! -- dice Emilia con angustia.

A pesar del gran dolor que siente, Manina trata de darle ánimo a la chica.

--no te tienes que dejar arrastrar por la tragedia, tienes toda la vida por delante. Eres tan joven, la vida sigue.. Si abres tu corazón el amor volverá a entrar en tu vida.

--No, yo no quiero volver a amar. Quiero que Alberto sea el último hombre en mi vida, quiero vivir de su recuerdo eternamente.

Manina la acaricia con tristeza.


Lejos de ahí, en las afueras de una ciudad se ha asentado un campamento gitano. De una humilde barraca salen Carmen  y Alberto. El gitano mira todo el lugar como si fuera algo nuevo. Hay fiesta. Todos se alegran de que esté bien, de que por fin se haya recuperado. Tras su accidente ha perdido la memoria.

–¿Y vivimos siempre aquí? –Alberto.

--no, no, ya te he dicho que no. Nosotros somos gitanos de los de siempre. Algunos viven como los payos pero nosotros no, nosotros siempre vamos de un lugar a otro. tampoco nos quedaremos mucho aquí.

--me siento tan confundido.. Esto de no tener recuerdos es falta, no sé quien soy.

--Tú eres Alberto, mi marido. Nos casamos por la ley de los hombres y de nuestra raza... –dice mostrando su brazo.

Los dos llevan una cicatriz igual. Alberto la abraza confiado. Sus ojos brillan.

--Dios está a mi lado, por eso Alberto perdió la memoria y no hizo falta nada más. Yo sé que Díos ha bendecido mi amor... yo soy la esposa de Alberto y Dios tiene que estar de mi parte... –se dice.

Están abrazados y él no ve la cara de mala de ella. Se mira la cicatriz del brazo:

--fue una idea genial lo de hacerme esta cicatriz, así nadie dudará que yo soy la esposa de Alberto ni él mismo.

Uno de sus hermanos gitano le dice a Carmen  que un payo la quiere ver. Carmen  se pone nerviosa. Alberto quiere ir con él.

--yo vengo en seguida, debe ser un tipo con el que tuve negocios. –dice.

Carmen  pide a uno de los gitanos que cuide a su marido y ella se va. Carmen  se da cuenta que es su cómplice el que la ha ido a buscar. 

--¿¡que haces aquí? Creí que no nos íbamos a volver a ver...

Los dos se miran con rabia.



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