Los días van pasando tranquilamente y Emilia y Alberto cada vez están más loco el uno por el otro. Emilia va a clase y poco antes de llegar ve a Alberto pasar muy deprisa. Lleva unos tejanos blancos y ella enloquece por su cuerpo. Se muere de deseo. Él no la ve. Ella lo llama. Él se saca los auriculares. No la ha oído pero sí la ha sentido. Se gira emocionado al ver que ella corre hacía él. Se sonríen y hablan los dos muy emocionados. Llegan al aula juntos. Llegan tarde y no tienen asignatura en su aula por lo que no hay nadie. Alberto se siente tranquilo ya que no le gusta tener que justificarse ante Jose que siempre que lo ve con la joven lo mira inquisitoriamente.
A la hora de patio, siempre que puede, Alberto se escapa de su primo y se va al aula a pasar el rato con su amada.
--¿siempre te quedas aquí? ¿no desayunas? ¿no quieres que te traiga algo? –le va preguntando él.
Ella tiene ganas de decirle que le basta con estar a su lado pero no se atreve y a él le pasa más o menos lo mismo. Ambos desean decir muchas cosas que no dicen. Bebiendo coca-cola, Alberto vuelve a eructar.
--lo siento... no lo volveré a hacer más –dice él avergonzado.
--si ya –dice ella divertida.
Alberto cree que la joven está molesta y se siente aún más avergonzado. Emilia se da cuenta que al chico le ha sentado mal lo que le ha dicho y no sabe como arreglarlo. Se quedan un rato en silencio.
--¿cómo te va el curso? –le pregunta ella para romper el hielo.
Más tranquilo dice:
--pues bien, me van a quedar casi todas.
Los dos están hablando un buen rato.
A última hora, Emilia sale de la clase de Griego 5 minutos antes de tiempo. En medio del pasillo se encuentra a Alberto que acaba de salir del lavabo y va hacia ella para volver al aula de dibujo. Le guiña el ojo muy sexymente mientras la saluda tipo militar. Emilia se deshace por dentro, está loca por él. Emilia también se está metiendo muy a dentro del guapo gitano pero a los dos le da miedo dar el primer paso y prefieren que sea el otro quien lo de.
En un nuevo día de clase, Alberto sale del lavabo y al llegar a clase ve que su primo está hablando con Emilia . Ha pasado Carmen y José quiere saber la opinión de la joven sobre los gitanos. Emilia no entiende la pregunta y no sabe que decir. Alberto se asusta pensando que su primo va a desvelar su “secreto” y se lo lleva del brazo. Luego lejos de Emilia , le dice:
--¡te prohíbo que le digas algo¡
--¡mis tíos, mis padres se morirían de la pena al darse cuenta que reniegas de tu raza¡
--¡yo no reniego de mi raza, estamos a finales del siglo XX, todos somos iguales... eso de la raza ya no está de moda¡
--¡somos gitanos, lo llevamos en la sangre y eso nunca pasa de moda¡
Alberto se pone nervioso, se siente algo culpable. Se siente una mala persona, un traidor:
--bueno, no es que me avergüence... es que, tío, tampoco me tengo que poner un letrero en la frente que diga... ¡cuidado, soy gitano¡
--¡lo que pasa es que tú sabes que sí hay diferencias y que si a ella no le importa a sus padres sí les va a importar, te podrás divertir con esa paya todo lo que quieras pero olvídate de tener algo serio con ella¡
Alberto desesperado:
--¡Yo estoy cada día más enamorado de Emilia , no la quiero sólo para la cama¡
--¡pues la tía se va a morir de la alegría, verás cuando lo sepa¡ --dice Jose molesto.
Alberto, asustado y desesperado, dice:
--somos primos, casi hermanos... No me hagas esto... ¡tú me tienes que apoyar¡
el dolor que ve en los ojos de Alberto lo conmueve. Le pone las manos en los hombros muy fraternalmente:
--porque te quiero como a un hermano es que me preocupo. Yo te veo enamorado, ilusionado y eso no puede ser. No os lo van a permitir, eso que el amor lo puede todo sólo sirve en las películas, la verdad es que los payos siempre nos verán por encima del hombro y jamás un payo permitirá que su hija se una a un gitano y nuestra raza, la tía tendrá un disgusto.... ¿de verás crees que merece tanto la pena?
Alberto no dice nada. Golpea la pared lleno de rabia y regresa al aula visiblemente molesto. Emilia se da cuenta que algo le pasa y le gustaría animarlo pero no se atreve. Él se sienta detrás de ella y la rehuye lo que lastima a la joven.
--¿por qué a veces te siento tan mío y otras veces tan lejano? --Se dice ella que se estremece solo al sentir el aroma de él.
Alberto siente deseos de acariciarle el pelo, se muere de dolor y de rabia:
--¿será cierto que aunque me quisieras nunca podría pasar nada entre tú y yo... que este amor que siento por ti tiene que morir, que tirarse en la basura? –piensa con dolor.
Alberto siente una gran angustia en su alma y tiene que hacer un gran esfuerzo para no ponerse a llorar.
Convencido que no puede ser, Alberto se muestra distante con Emilia los días siguientes.
--es lo mejor, convencete –le dice Jose cada vez que Alberto mira a Emilia de lejos con tristeza.
La misma tristeza que siente Emilia que no sabe lo que ha cambiado. Aprovechando que ha llegado el día del examen de conducir, Emilia se le acerca. Alberto tiembla de deseo. Está feliz porque sea ella quien lo busque. En el fondo está esperando que sea ella la que tome la iniciativa.
--mañana tengo el práctico... pronto te podrás subir en mi coche –dice ella muy nerviosa.
Él sonríe y suspira:
--me gustará mucho compartir ese momento contigo y mucha suerte en el examen.
Los dos se miran en silencio pero con mucha intensidad. La sangre de los dos está hirviendo. Ella está deseando que llegue ese momento. No hace más que pensar en ella y Alberto a solas en el coche.
--¡lo estoy deseando, será de fábula¡ --dice ella.
Alberto la mira embobado.
--me invitó, ella me invitó a mi... quiere llevarme en su coche... no se le olvidó... le gusto... le gusto –se dice con la cara desencajada por la emoción.
Jose lo llama porque tienen que cambiarse de aula. Alberto recoge sus cosas y se acerca a su primo, que lo mira molesto, muy emocionado Alberto dice:
--No digas nada... hoy estoy muy contento... no digas nada...
Jose se queda a su lado preocupado mientras Alberto no deja de sonreír. A Emilia le pasa más o menos lo mismo:
--tengo que aprobar –no deja de repetirse.
La joven pasa el día a base de tilas y es que no puede con los nervios. La tarde antes no puede hacer nada y es que sólo piensa en aprobar el examen. En realidad ahora tener el carnet es lo de menos, lo que quiere es estar a solas en su coche con su amado.
--¿qué pasará cuando estemos a solas... me besará? ¿cómo será que me bese otro chico? ¿a cuantas habrá besado él? --dice ella muy emocionada.
Alberto está tumbado sobre la cama pensando en Emilia . Se acaricia el labio pensando en Emilia :
--estoy seguro que quiere que pase, que quieres que cuando estemos a solas en tu coche tus labios besen los mios... mi primera vez... yo quiero que seas tú la que me dé mi primer beso... sería tan hermoso... que apruebe, tiene que aprobar...
El día del examen, Emilia no deja de pensar en Alberto y cree que no se va a poder concentrar. Al día siguiente llega a clase entusiasmada y en seguida se acerca a Alberto para decirle que ¡ha aprobado¡
A pesar de las miradas de su primo, Alberto hace lo que desea hacer todos los días y es besar a la joven en la mejilla. Sus labios se posan cerca de los de ella y los dos se estremecen. En realidad él tiene que hacer un gran esfuerzo para no besarla en la boca y ella hubiera deseado que lo hiciera.
–¿así ya puedes conducir?
--bueno, en realidad no... tardarán unos días en darme el carnet...
--¿y vendrás a clase en coche?
--si claro...
No se dicen más pero se miran y se sonríen con complicidad.
Es domingo por la tarde, Jose y Alberto se reúnen siempre en casa del segundo y como locos escuchan música heavy. Retumban las paredes. Ese día se les ha reunido Tomás. Los tres están sin camisa y saltan y gritan. Saltan sobre la cama, hacen que tocan la guitarra, mueven la cabeza tal y como hacen sus cantantes favoritos. Cuando se han cansado de hacer el loco caen en la cama. Los tres empiezan a hablar de hombre a hombre.
--¿y que, tío, vas a hacer algo especial para tus 17 años? –tomás a Alberto.
--nos podemos ir los tres de marcha a algún sitio guapo –Jose.
--si te dan dinero yo sé donde podemos ir... –Tomás.
Jose y Tomás se miran con complicidad. Alberto se pone algo nervioso.
--estás hablando de ... no... no...
Tomás se le ríe:
--tú cuando te piensas estrenar...? el día de tu cumpleaños es muy buena opción...
--si claro pero no pagando... eso no... –Alberto.
--es que eres muy cortado... yo de ti ya me habría acostado con Emilia , esa te está pidiendo que le hagas el favor a gritos... se ve que es de la misma clase que la amiga que se me dio facilito... si tú no te vas a divertir con ella lo haré yo... –tomás.
--¡ni te acerques a Emilia ¡ --Alberto.
--así me gusta... pero tú hombría usala para marcar a tu mujer, pídele que te haga un regalo, seguro que no te dice que no si le pides eso.
Alberto se siente excitado:
--no, no... yo... no quiero que se ofenda.
--¿pero te gustaría hacerlo con ella no? --Tomás
Alberto está a punto de decir que si pero Jose no le deja:
--¡no le metas ideas raras en la cabeza¡
--oye que yo no digo que se casen, claro que no. él lo que tiene que hacer es usarla y casarse con una que no se deje, que se haga respetar pero Emilia no es de esas... yo te voy a dar unos consejos y esa cae el día de tu cumpleaños...
Alberto lo escucha nervioso sin saber si guiarse por el corazón o por los instintos.

















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