Alberto y Emilia están desnudos el uno en brazos del otro. Están felices y enamorados. Se tocan, se besan. A los dos les parece un sueño que estén nuevamente juntos.
--Hoy es el día más feliz de mi vida –dice ella llorando.
Él la besa:
--pues no llores, no quiero que llores. Ni que sea de alegría.
--te amo, te amo tanto.
--Y yo a ti.
Los jóvenes se miran muy enamorados. Alberto se levanta totalmente desnudo. Ella lo mira con deseo.
--me voy a la ducha, ¿me acompañas? –le pregunta él.
--empieza tú, luego voy yo.
--bueno pero no tardes.
Los dos están muy contentos. Alberto se ducha entusiasmado, por fin vuelve a ser feliz. Sonríe enamorado. Emilia también es feliz. Llaman a la puerta y la joven va a abrir. Es Carmen . Emilia le impide que pase.
--¿¿dónde está mi marido?¡
--¿qué quieres?
--¡ver a mi marido.¡
–!está en la ducha¡¡
–!perra, tú querías ser su amante desde el principio¡¡
–!Será mejor que te vayas tú no eres quien para juzgarme, sé que lo hiciste¡¡
Carmen a Emilia con mucho odio :
–!Ramera, siempre serás la otra. Nunca le daré el divorcio a Alberto, será mi marido hasta que me muera¡¡
Emilia sonríe lo que enfurece a la gitana.
--¿!y se puede saber de que te ries?¡¿te gusta ser una zorra?¡
--Alberto será tu marido pero es mi hombre y voy a luchar por él con uñas y dientes. Tú sigue acostándote con su primo y con Tomas que yo sí lo haré con Alberto.
Carmen se pone como loca y la quiere atacar:
--¡maldita, maldita¡
Emilia da un empujón a Carmen y la gitana cae al suelo. Emilia cierra la puerta. Llena de furia Carmen jura que se vengará. Tranquila y enamorada, Emilia se saca la bata que la cubría y entra en la ducha con su amado. El guapo gitano la besa y la abraza:
--¿por qué tardaste tanto?
Emilia no dice nada solo lo besa enamorada.
Mientras se visten en la habitación hacen planes para el futuro.
--tengo que buscar trabajo, ahora somos una familia. Tengo que mantener mi casa –Alberto.
--a mi aún me quedan algunos ahorros y con mi trabajo...
él se abrocha los pantalones, la abraza:
--el hombre soy yo, no pienso dejar que me mantengas. tengo que buscar trabajo.
--ya pensaremos en eso más tarde... ahora quiero disfrutar de ti, hemos perdido mucho tiempo y quiero que lo recuperemos.
Alberto sonríe y se besa. El gitano se pone la camisa. Su rostro se llena de rabia.
--tengo que salir un momento.
--¿a dónde vas?
--tengo cosas que hacer.
Ella ve rabia en su mirada.
--No te vayas.
Él la mira con mucho cariño:
--tengo que hacerlo, nos hicieron mucho daño y no se puede quedar así. Carmen y Tomás tienen que oírme.
Emilia lo acaricia, él la mira enamorado, disfruta de esa caricia:
--no quiero que nos separemos, olvida el pasado. El rencor no es bueno y yo ahora soy tan feliz que no quiero venganza. No quiero que veas a esos dos, no perdamos más tiempo...
él sonríe.
--tienes razón, esta noche nos vamos a casar. No quiero pensar en otra cosa.
--¿y donde será la boda?
--en la playa, frente al mar, bajo la luna y las estrellas...
--hum... ¡que romántico¡
--¿te parece? –pregunta él sonriendo.
--te amo.
--yo a ti más.
La pareja disfruta de su amor y sus cuerpos hasta la noche que bajan a la playa. Van en el coche de ella. Se acarician y se besan frente al mar.
--Te amo y a partir de esta noche tu sangre será mi sangre, y mi sangre será tu sangre. Estaremos unidos hasta la eternidad –dice él en un susurro.
Emilia lo mira emocionada. Se besan.

Emilia y Alberto se arrodillan sobre la arena. El mar, la luna, las estrellas son testigos de excepción de esta boda gitana. Él le besa la mano y le muestra una navaja.
--con esto quedaremos unidos para siempre.
Se miran, ella está un poco asustada.
--confía en mi –dice él.
--Pongo mi vida en tus manos –le susurra ella.
Él le besa la muñeca:
--con la sangre que me des me ofreces tu amor y tu vida, eso lo tomo de la misma manera y con mi sangre te doy mi vida.
Él le corta un poco la muñeca y luego se hace un corte en la de él. Sienten dolor pero es más su amor. Luego unen sus muñecas. La mirada de uno penetra al otro.
Llena de rabia, Carmen acaba de hacer el amor con un tipo mayor y gordo.
--¿y ahora?¿me ayudarás?
--Ves como si tenías algo con que pagarme? –dice él.
--¡No me falles¡
--si siempre eres así lograrás lo que quieres... ¿todo lo pagas con sexo? – pregunta el gordo con ironía.
--¡ese no es tu asunto¡
Carmen le muestra la foto de Alberto.
--¿es este?¿estás seguro que lo podrás tener siempre vigilado?
--Eso será muy fácil, aunque tu plan es algo complicado y algo suicida.
--¡Eso corre de mi cuenta, tú me tienes que conseguir lo que quiero y ayudarme luego...¡
--mientras seas tan complaciente...
–claro que sí.
--¿y como lo haremos?¿cómo lograrás que...? –dice el tipo.
Ella lo interrumpe:
--tú tienes que vigilar todos sus movimientos y decirme lo que hacen, yo te diré cuando tienes que actuar. ¿lo harás?
--tu cuerpo es muy joven y me encanta explorarlo –dice con cara de degenerado.
--¡pues podrás hacer lo que quieras conmigo si me ayudas¡
él sonríe satisfecho. Carmen sonríe de rabia:
--¡ahora sí, este va a ser el golpe fatal, ahora sí voy a separar para siempre a Emilia de mi Alberto¡
Estirados sobre la arena, abrazados con cara de felicidad. Emilia y Alberto miran las estrellas.
--mi mujer, ahora eres mi mujer. Para la ley de los gitanos eres mi mujer.
--te amo, Alberto y eso es lo único que desde este momento guiará mi vida.
Se besan con pasión, se besan en el cuello y luego se unen en un solo cuerpo. Sus gemidos se unen con el ruido de las olas.
Al día siguiente después de comer, Manina visita a Emilia . La joven se sorprende. La gitana le ve la herida de la muñeca.
--¿y esto?
Emilia la mira algo nerviosa, no sabe si la mujer va a enfadarse. Manina la mira con cariño:
--los gitanos mezclamos nuestra sangre en señal de amor... ¿a caso mi hijo y tú se casaron bajo el cielo y las estrellas?
Emilia no contesta. Alberto baja las escaleras en ese momento y dice:
--si, mamá. Emilia es ahora mi mujer.
Manina mira a la joven con cariño:
--ven a mis brazos, hija.
Las dos se abrazan ante la mirada emocionada de Alberto. Alfonsina va a visitar a la joven pareja.
--bueno, mejor yo me voy. No debe molestar a la juventud –Manina.
Como tanto Manina como Alfonsina llegaron en Autocar, Alberto pide a su mujer que le deje el coche a Alfonsina para que lleve a su madre.
--Yo las acompaño, así de paso yo recogeré las cosas que me dejé.
Emilia siente algo de miedo que Alberto vuelva a su casa, es como si presintiera que no lo volverá a ver y quiere ir con ellos. Manina la calma:
--Alberto es tu marido ahora, no tienes nada que temer. A mi esposo no le gustará verte, queda tranquila que mi hijo volverá.
--yo te lo cuido –Alfonsina.
Alberto se despide de Emilia con un “ahora vuelto”. Ella no se queda muy tranquila.
El viejo cómplice de Carmen los ve salir. El coche lo conduce Alfonsina. Por la descripción de los hechos Carmen cree que es Emilia la que conduce:
--lo haremos cuando regresen, no quiero lastimar a Manina y además la carretera estará más desierta..
-- ahora voy a buscarte, tú encargate del otro tipo.
--espero que lo que tú me diste funcione.
--tú méteselo en la cerveza y ya verás como al rato se duerme.
Carmen le da la dirección de casa Manina para que estropee los frenos al coche de Emilia .
--Perderán el control en la carretera y ¿si las cosas no salen como tu esperas y Alberto muere?
--pues será su culpa, además digo yo que la que peor saldrá será la conductora y si ella vive pues para eso está Tomás... –rie Carmen
--estás loca...
--si y como te pongas en mi contra ya sabes lo que te puede pasar...
El cuerpo de Carmen ha enloquecido al viejo que hará lo que sea por ella.
































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